VOLVO OCEAN RACE ALICANTE, CAPITAL MUNDIAL DE LA VELA

Los visitantes iban bien pertrechados con paraguas, hasta con chubasqueros, y algunos con bocadillos y bebidas. La mayoría con cámaras de fotos, y algunas de ellas muy profesionales, con enormes objetivos para cazar todo lo que se moviera sobre el mar. Fueron tomando posiciones en la playa del Postiguet, en los espigones, y hasta en el Castillo de Santa Bárbara para contemplarlo todo.
Miles de personas no quisieron perderse el acontecimiento que ayer ponía a Alicante en el epicentro mundial. La salida de la regata más aventurera del planeta, la Volvo Ocean Race, concitó a muchos alicantinos, pero también atrajo a la capital a familias enteras de toda la provincia que no querían perderse el acontecimiento. Y, cómo no, a los amantes de la vela, para quienes contemplar la salida desde Alicante era una oportunidad de oro.
Un grupo de aficionados de Valencia confesaba la emoción de poder vivir una experiencia «única» que nunca creyeron poder contemplar tan de cerca. «Para que esté en otro lado, que salga de Alicante», decía José Luis Peyró, navegante y amante de la vela, que también pudo disfrutar de cerca la Copa del América y que advertía de que «las instalaciones del puerto de Valencia son más impresionantes». Con la de ayer ya ha viajado hasta Alicante cuatro veces para disfrutar del Village y todo lo que en él se ofrece. «Es una pena que la gente no se dé cuenta de la trascendencia que tiene esto», confesaba. Hablaba de la importancia del viento para saber cuál es la mejor posición para contemplar la salida de la competición. «El viento tiene hoy -por ayer- fuerza cinco o seis. Es muy interesante verlo todo porque el mar está fuerte», y anhelaba estar sobre una zódiac para ver de cerca los movimientos de los barcos. A partir de ahora, seguirán la competición «por la televisión, por Internet y por el móvil...», explicaba Damián Ramón, otro de los jóvenes de la expedición, que reconocía que «estamos muy metidos en el mar, nos mola la vela». Antes de la salida acudieron a saludar a varios amigos que tienen en el Telefónica Negro, «a Pachi, a Pepe Ribes a Jaime Arbones», del barco al que dan ánimos para que gane. «Están muy preparados física y mentalmente para esto», decía cuando se le comentaba la dureza de la prueba.
Svent Dirk Fraiss no puede negar que es alemán, pero el color tostado de su piel puede hacer pensar que se pasa el día al sol, o bien que es navegante. Vive en Torrevieja desde hace 15 años con su mujer Monserrat. Subido a uno de los bancos de hormigón del paseo volado del Puerto, confesaba su emoción por convertirse en testigo directo de la competición, media hora antes de la salida oficial de la regata. «Es un acontecimiento más que especial, es impresionante, sobre todo sabiendo la historia anterior», y confesaba su anhelo de convertirse en participante, mientras su mujer apostilla que ella prefiere navegar por las tranquilas aguas de Ibiza, «en planito».
La familia Agües utilizaba los silbatos que les habían regalado en el Village horas antes. Ayer madrugaron, planificaron su viaje desde Novelda para no perderse nada, aunque poco les quedaba por ver porque ya habían estado el sábado. «Nos ha gustado el ambientillo y aquí estamos», decía la madre de familia, mientras el padre explicaba que «no somos marineros, más bien de tierra»; y confesaban que además de la regata, su interés era ver a la Familia Real, y lo habían conseguido.
Paco Navarro es alicantino y su amigo Michel Herrera, cubano. Mientras esperaban el momento de ver surcar a las embarcaciones se hacían fotos. «Hemos venido porque es un acontecimiento a nivel mundial, y no es lo mismo que te lo cuenten a verlo», aclaraba Paco con una palabra alicantino: «Hemos venido a dotorear». Y Michel apuntaba que «me encantan todos los acontecimientos en los que estén involucrados países de todo el mundo».
Al poco rato, sobre las cabezas de los espectadores surca la Patrulla Águila, que dibuja en el aire la bandera de España y encandila a mayores y a los cientos de niños que también están en el Puerto, muchos aún bebés y en carrito. Los más mayores pudieron subir sobre los privilegiados promontorios de las espaldas de sus padres.
A las dos de la tarde, todas las miradas se posan en el agua y algunas personas preguntan hacia dónde se dirigen los barcos. Se ven algunas lanchas. En algunos puntos hay hasta quinta fila de personas ávidas por ver algo y apenas se puede ver un resquicio de mar. Maikol es más alto que sus amigas María José y Sandra, que es madrileña y está encantada con el espectáculo. Graba con su cámara lo que ve y les explica que ya contempla al impresionante barco de Puma. Empieza a retransmitir lo que contempla. Las imágenes se las va a mandar a su familia, que está en Venezuela y a los que habla y explica la importancia del documento que están viendo. La regata es así aún más internacional.
















