
La calle Divina Aurora sigue «en obras». Aquí sigue viviendo Encarnita, hija de la única víctima mortal de la riada. La casa en la que en octubre pasado, hace justo un año, «no quedó ni un vaso para beber» hoy está limpia.
Encarnita regresó el pasado agosto a esta, casa pero su pensamiento nunca se marchó de allí y sigue viviendo la tragedia de aquella tarde. «No me lo puedo quitar de la cabeza. Verla en la silla de ruedas, cómo intenté agarrarla para salvarla y cómo en cuestión de 20 minutos subió tanto el agua y ya no pude. Yo me salvé por los pelos y físicamente no tengo nada, pero desde entonces no he vuelto a estar igual» relata.
«Lo del año pasado no creo que vuelva a pasar pero no puedo evitar ponerme nerviosa...debe de ser un trauma porque he vivido 44 años aquí y nunca he tenido miedo». «Está igual que lo dejaron al día siguiente de pasar todo». Encarnita no quiere hablar mucho más: «De aquellos días sólo puedo contar que desgracias».
















