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El equipo de Mandiá defiende su liderato en la Nueva Condomina en un encuentro en que a Rubén Navarro le faltó tino

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El Hércules aguanta el tirón (0-0)
ENCERRADO. Tuni trata de sortear el acoso de Lillo durante en encuentro en Murcia. / MARTÍNEZ BUESO
Jamás se vio un equipo cuyo objetivo estuviera tan lejos de sus posibilidades. El rival de ayer del Hércules, que aspiraba a ascender, da para la permanencia y más bien justo. Los de Clemente no tienen nada, son un equipo castrado por su falta de soluciones. Si el rival levanta la mano, como el Hércules ayer, no las pasa canutas, pero queda condenado a la mediocridad del empate. El Hércules de la Nueva Condomina no tuvo un juego brillante, pero sí reputación, la que da el primer puesto. Encalcetinado atrás, le dio un respiro al Murcia que éste no aprovechó para buscar el beneficio del triunfo, que ante el líder siempre es doble: desahoga y da prestigio.

Las más de mil personas que se desplazaron desde Alicante para presenciar en directo el partido regresaron a casa con la sensación de haber podido lograr más, pero felices porque mucho más no se puede sacar cuando haces sólo lo justo. Por contra, la afición grana, desfiló por los vomitorias camino a casa con la pesadumbre hecha rutina: no se fue convencida, más bien resignada.

El Murcia, a falta de elaboración, está abocado a la inspiración de un momento, que le dan para ocasiones esporádicas como la de Despotovic, que se fue de su marcador y se encontró con Calatayud en un disparo domado, más manso que envenenado.

Fue lo único para el recuedo en una primer parte pobre de solemnidad, en la que el Hércules contuvo más que apretó. Tiene a Farinós y a Tote, jugadores sin el prestigio de antaño, pero no desprestigiados. No inquietó arriba, pero se defendió bien. Fue mezquino en el ataque, pero certero en la defensa. Le bastó con una fatiga bien entendida para sujetar a un Murcia afeitado y sin recursos.

Silbidos, pero pocos

Pese a todo, la grada levantó la mano. Hubo algunos silbidos en el minuto 25, perceptibles y merecidos, pero demasiado pronto para ser fluviales. Poca cosa. La ausencia de calidad ya no sorprende. Es cosa sabida. El Hércules es mejor. Tiene arriba lo que le falta al Murcia: el aguijón. Si no metió en apuros al Murcia fue porque no quiso. Lo del Murcia es resignación, no hay más, lo del Hércules sólo conformidad. Hay más, pero ayer no acertó a usarlo.

Su ejercicio fue de renuncia, antes y después. Así que el partido transcurrió desmayado, sin pena ni gloria. Un solar del que sólo lo rescataba Aquino, en el Murcia, y Tote, en el Hércules. Aquino parece ser el único jugador sin miedo al balón. Si Aquino no está, el Murcia se convierte en vaho. Desaparece.

Antes del descanso, el Hércules tuvo una gran ocasión para irse al vestuario con ventaja. El joven Raúl Ruiz, tras recibir el cuero de Tote, envió su tiro a la derecha del marco defendido por Elía y así se llegó al entreacto.

Los de Clemente se beneficiaron de la falta de ambición del rival, con un planetamiento que no se corresponde con su puesto. A un equipo que va primero se le puede exigir, cuando menos, un gramo de intrepidez.

Ambos equipos entablaron una dura lucha en el centro del campo por hacerse con el control del encuentro, que estuvo muy nivelado y abierto, aunque sin ocasiones claras de gol durante más de media hora. Algunos acercamientos por parte de los locales Dani Aquino y Capdevila y de los visitantes Morán y Rubén Navarro apenas inquietaron a las defensas.

En el tamo final del partido, el Hércules consiguió elaborar su jugada más clara, llegó una sola vez, pero mejor que no lo hubiera hecho, porque Rubén Navarro fue inocente donde se pide picardía, malevolencia. Con toda la portería a favor, estrelló el balón en la espalda de su compañero Gerardo Noriega. Ver para creer.

Justo después llegó la mejor ocasión del Murcia, la contrarréplica, cuando Núñez, de cabeza, obligó al estreno de Calatayud. Fue todo. Dos ocasiones en un partido desaseado, horrible.

Que este Murcia no va a ascender ha dejado de ser una duda. Es casi una predicción sin incertidumbres. Que el Hércules vaya a hacerlo no es seguro, pero al menos opta a ello.
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