
De todas formas, Rafael Nicolás Simarro no ha archivado definitivamente caballete, bastidor, pinceles ni paleta y va a segur pintando. Simarro tiene en su haber una larga trayectoria como artista. Dibuja desde que iba al parvulario, que entonces no se estilaba eso de los kinder garden, y que para jardines los que pintaba él. Los lienzos y los óleos comenzó a manejarlos a los quince años. Un poquito después ya era factor aspirante y a los 17 aprobó la oposición de factor de gran velocidad, cuando Renfe era todavía MZA. No cambió los pinceles y la paleta por el banderín y el pito que en aquellas calendas eran el anuncio de la partida del convoy, sino que alternó ambas cosas.
Fue madurando en un gran pintor que tocaba todos los palos, si bien su mayor actividad derivó hacia la pintura taurina y fue, si me lo permiten, el sucesor de nuestro paisano Ruano Llopis a quien tanto admiró, como admiraría a Juan Reus, Roberto Domingo y tantos otros que llenaron las paredes del mundo de carteles de toros.
Exposiciones
A lo largo de su dilatada carrera, Simarro pintó miles de cuadros, realizó más de 180 exposiciones individuales y muchas colectivas. Buena parte de su obra la donó para fines benéficos. Y ahora que no nos oyen los de Hacienda, diré que Simarro ha ganado mucho dinero con la pintura. Su producción también se encuentran en América, adquirida por la American Company Bravo.
Su primera exposición de arte torero fue en 1953 en el Club Taurino, siendo su presentador el maestro Pérezgil. Una de las más exitosas muestras tuvo lugar el año 2000 en el antiguo Hospital de San Juan de Dios de Orihuela, donde alternó tauromaquia con estampas costumbristas oriolanas. Cuatro años después, el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, inauguró la antológica de Simarro en el Meliá de Alicante, con gran concurrencia de fuerzas vivas de la ciudad y el apoyo de sus colegas.
Simarro repliega velas y en unión de su amante e inseparable esposa Teresa ha buscado el bien ganado retiro en uno de los apartamentos que se han construido en el recinto de la espléndida Residencia de Jubilados Ferroviarios en San Juan.
Se ha llevado los bártulos para seguir pintando, aunque no con su acostumbrada actividad, sino más sosegadamente, que los jardines de la residencia ofrecen bellísimos rincones.
En tan paradisíaco lugar se olvidará de las plaquetas, el reuma, la vista y demás alifafes. Dentro de poco, otra exposición. ¿Ya verán!
















