Ella, su esposo, su hija Ángela, de 35 años, y sus dos nietos de 29 y 5 años, permanecen bajo el armazón de madera. Han colocado aglomerados viejos y plásticos a modo de pared para proteger de la lluvia en una de las pocas partes de la casa que no está a cielo abierto. No son los únicos que intentan poner buena cara al terrible daño causado por Gustav en Los Palacios, en la provincia de Pinar del Río, por donde pasó el ojo del ciclón el 30 de agosto.
Una semana después, las brigadas de electricistas y telefonía, barrenderos y centenares de voluntarios siguen trabajado sin descanso para despejar las vías y las calles, pero persiste un cuadro desolador.
Fidel Castro lo definió como «Golpe nuclear», el título de su última reflexión. Efectivamente, ocho días después el paisaje de ha cambiado en Pinar del Rio, una región donde el verdor de árboles y montañas se impone incluso en los tiempos más secos. 40 kilómetros del desvío a Los Palacios, (a unos 120 Km de la Habana) los arbustos están pelados y amarillos. Conforme avanza la autopista, muchos árboles, tumbados como por efecto dominó unos sobre otros, enseñan enormes raíces. Las palmas se levantan como columnas, calvas, sin penachos de pencas ni cocos. 150 torres de alta tensión han sido dobladas como si hubieran sido de plastilina. Emilio Triana, secretario del Partido Comunista del municipio, (cargo equivalente al de alcalde), explicaba que en su población el 79,3 % de las 13.450 viviendas fueron afectadas, de las que 6.608 fueron consideradas desastre total.












