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DAÑOS EN UN PALACETE
De la Mano, propietario del palacete situado en la calle Miguel Soler número 22, se siente indignado. La residencia tiene más de 300 años y está bajo protección por la Ley del Patrimonio, dentro del Plan Especial del Casco Antiguo. «Ni siquiera yo, que soy el dueño, puedo tirar ni un ladrillo», afirma.
El pasado 15 de julio, De la Mano se encontró con una desagradable sorpresa: parte de su exclusiva propiedad había sido derribada debido a las obras que se están realizando en la finca vecina. «Fui a enseñar la casa a unos amigos y, al subir a la última planta, me di cuenta de que falta una pared», explica. Este heredero no se lo podía creer, ya que «están restaurando un edificio que se supone que también es protegido, pero lo peor es que esta iniciativa afecta peligrosamente al palacete sin ninguna licencia».
El afectado decidió hablar con el encargado de la obra, ya que «no tenía ninguna información sobre lo que estaba sucediendo». De la Mano asegura que no pudo contactar con ningún superior, pero, en un principio, le tranquilizó la respuesta comprometedora de los obreros: «El proyecto trata de restaurar el edificio, no se preocupe porque no le vamos a tirar la viguería e intentaremos no perjudicarle», prometen los trabajadores. No obstante, el cabreo del interesado le hizo insistir, facilitó unos números de teléfono para que los propietarios de la finca o el arquitecto responsable le explicaran esta «difícil situación».
Los días pasan y no hay respuestas claras. «El encargado de la obra aseguró que había dejado constancia de mi petición, pero la insistencia no sirvió de nada, seguí con los mismos resultados negativos», confirma.
Lo peor estaba por llegar. Hace dos semanas De la Mano se sorprendió al ver que le habían «engañado». La restauración de la que hablaron se había convertido en un «rápido desordenado y osado derribo». Las grandes grietas, la destrucción del hito que linda con las dos casas, las roturas de la sillería de la fachada y los desprendimientos, «del tamaño de un puño», alarmaron al perjudicado.
Recurrir a instituciones responsables era la única esperanza. «Mi propósito consistía en que, por seguridad, paralizasen las obras. Por otro lado, como alicantino, quería saber si realmente el edificio destruido había dejado de ser protegido».
Turismo y el Ayuntamiento «no me ofrecieron ninguna ayuda». Asegura que únicamente le invitaron a escribir una instancia, «algo que no conducirá a ningún sitio», asegura.
El arqueólogo de Cultura le recomendó recurrir al Seprona. Ahora será éste quien tome medidas ante la situación.
















