
Su vida en España fue bastante dura al principio. Sin dinero y sin papeles, dormía en el parque de Bravo Murillo, de Madrid, y comía en los comedores del auxilio social. Así, hasta que entró en contacto con la asociación Karibu, un hogar de acogida para gente sin techo. Más tarde entró en el club Bikila de atletismo.
El fin de su ciclo llega cuando se puso en contacto con el entrenador Manuel Pascua. Las pruebas fueron todo un éxito. Llegó con una fractura de estrés en la tibia, y se la curó corriendo. «No sé cómo aguantó», afirma el veterano entrenador. Al ser preguntado por su capacidad, se deshace en elogios: «Es francamente bueno».





